El Hipócrates cubano

Acta Médica del Centro / Vol. 8 - No. 2 - 2014

COMUNICACIÓN

 

El Hipócrates cubano

 

The Cuban Hippocrates

 

 

MSc. Dra. Rokselys Vigo Rodríguez1, Dra. Tania Portel Teigyd2

1 Máster en Atención Integral a la Mujer. Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Profesora Instructora de la Universidad de Ciencias Médicas "Dr. Serafín Ruiz de Zárate Ruiz", Santa Clara, Villa Clara, Cuba.
2 Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Profesora Instructora del Policlínico Universitario "Martha Abreu de Estévez", Santa Clara, Villa Clara, Cuba.

 

 


RESUMEN

Don Tomás José Domingo Rafael del Rosario Romay y Chacón es conocido por todos los cubanos como un médico que aplicó, por primera vez, la vacuna de viruela en Cuba; sin embargo, no se ha divulgado lo suficiente sobre su condición de eminente humanista que actuó en disímiles esferas del saber, por lo se convirtió en un sabio que inició el movimiento científico cubano. En este artículo se hace énfasis en estas facetas de su ejemplar vida, por la que pudiera considerarse el Hipócrates cubano.

Palabras clave: personajes, vacuna contra viruela


ABSTRACT

Tomás José Domingo Rafael del Rosario Romay and Chacón is known by all cubans as a doctor who applied for the first time, the smallpox spheres of knowledge, so he became a sage who began the Cuban vaccine in Cuba; however, has not disclosed enough about their condition humanist eminent who served in diverse scientific movement. In this article will focus on these facets of his exemplary life, which could be considered is the Cuban Hippocrates.

Key words: famous persons, smallpox vaccine 


 

 

Don Tomás José Domingo Rafael del Rosario Romay y Chacón -Tomás Romay y Chacón- es conocido por todos los cubanos como un médico que aplicó, por vez primera, la vacuna de la viruela en Cuba, pero lo que no ha sido convenientemente divulgado por los medios de comunicación y los textos escolares es su condición de eminente humanista que, por todo su actuar en disímiles esferas del saber como la Ciencia Médica, la Filosofía, el Arte, la Educación, la Botánica, la Química, la Agricultura y la investigación científica, se convirtió en un sabio que con su trabajo inició el movimiento científico cubano. Adelantado a su tiempo comprendió que en la aplicación de una correcta higiene existía un elevado por ciento de victoria contra cualquier manifestación de enfermedades del cuerpo humano y en su sed de conocimiento tuvo la lucidez de entender y hacer suyos los adelantos que en el terreno de la investigación científica se producían en Europa por aquellos años.1
Nació en La Habana, el 21 de diciembre de 1764, en el número 71 de la calle Empedrado, entre Compostela y Habana. Fue el mayor de 18 hermanos y desde pequeño demostró ser muy perspicaz y poseer una inteligencia muy aguda, motivo por el que su tío paterno Fray Pedro de Santa María Romay lo llevó consigo al Convento de los Reverendos Predicadores con el fin de impartirle la enseñanza primaria. Después de titularse como Bachiller en Artes el 24 de marzo de 1783 abandonó los estudios de Jurisprudencia que había iniciado en el Seminario de San Carlos atormentado por su vocación de médico, que se había convertido en su mayor deseo.
En aquella Cuba, colonia de España, la profesión de médico era considerada menor y no gozaba de mucha estimación: la metrópoli prefería mantener a sus colonias de América en total oscuridad respecto a todo el movimiento científico que afloraba en Europa, a fin de cuentas la ciencia, desde sus inicios, se anteponía a los credos religiosos que predicaba la Iglesia y cuestionaba constantemente la conciencia religiosa imperante en aquellos momentos en el mundo civilizado. La ciencia de por sí es generadora de inquietud y de interrogantes y buscadora de respuestas; el despegue de las ciencias constituyó la debacle de la concepción del mundo que la Iglesia hacía ver a todos.
Tomás Romay obedeció más a los impulsos de su vocación que a los convencionalismos sociales y escogió la Carrera de Medicina, de la que obtuvo el título de Bachiller en 1789. En esa época la condición de Bachiller en Medicina no autorizaba a ejercer la profesión, para ello se requería hacer un postgrado de dos años de práctica con un médico experimentado, y Romay los hizo junto al doctor Manuel Sacramento; finalizada la práctica se presentó a examen ante el Real Tribunal del Protomedicato. En dicho acto los doctores Julián Recio de Oquendo y Matías Cantos lo admitieron al uso y al ejercicio de la Medicina y le concedieron licencia para ejercerla, enseñarla y hacer todo lo demás que deben los maestros examinadores. El 12 de septiembre de 1791 Romay se convirtió en el trigésimo tercer graduado de Licenciatura en Medicina en Cuba y el 24 de junio de 1792 obtuvo su título de Doctor en Medicina.2
En el año 1802 los médicos cubanos conocieron de un procedimiento descubierto por un médico inglés de nombre Edward Jenner que había publicado sus investigaciones en 1798. El procedimiento en cuestión demostraba cómo este investigador, agobiado por la elevada mortalidad que las viruelas producían en su ganado vacuno, ideó utilizar el pus de las viruelas de sus vacas para hacer experimentos hasta descubrir la resistencia que el organismo de ellas creaba al efecto del virus, por eso al resultado de ese suero se le denominó "vacuna".
Por el año 1803 azotó a Cuba una epidemia de viruela que ya para enero de 1804 había causado serios daños en la población cubana. Por encomienda de la Sociedad Patriótica y al conocer Romay de la demora de la expedición enviada por el rey Carlos IV al mando del médico Francisco Xavier de Balmis, que traía consigo el virus salvador, comenzó su campaña para extender el procedimiento, para lo que abandonó las comodidades del hogar y marchó al interior de la isla en busca del ansiado virus -tuvo que luchar contra los partidarios de la "inoculación", introducida con anterioridad en Cuba y ya obsoleta, aunque defendida por aquellos "inoculadores" que obtenían ganancias al aplicarla y afirmaban que resultaría ineficaz la vacunación-.3
Para probar lo contrario Romay acudió a una arriesgada decisión: haría una demostración pública en la que arriesgaría la vida de dos de sus hijos, previamente vacunados, a los que utilizó como sujetos de prueba para vencer los temores, las dudas y las vacilaciones respecto a su efectividad. La campaña de la inoculación contra la vacuna sufrió un decisivo revés con la llegada al puerto de La Habana, el 26 de mayo de 1804, de la expedición española enviada para introducir la vacuna en varias colonias hispanas, pero quedaron sorprendidos al comprobar que ya la vacuna se había propagado en el país gracias a Romay, que la aplicaba con éxito desde el 12 de febrero. Crearon, por tanto, la Junta Central de vacuna el 13 de julio de 1804 para sistematizar esta práctica y designaron a Romay como Presidente, con el cargo de Secretario Facultativo.4
Su labor al frente de esta institución resultó decisiva para que, a fines del siglo XIX, la viruela pasara a ser una enfermedad poco común en Cuba, pues se manifestó a favor de la vacunación múltiple de cada individuo y de que se decretara su obligatoriedad para toda la población y, aunque no tuvo éxito en estos dos empeños, logró que el Obispo Juan José Díaz de Espada emitiera una carta pastoral donde exhortaba a las personas a vacunarse. La colaboración de Romay, con el ilustrado Obispo de La Habana, se hizo más estrecha en relación con el propósito de este de eliminar los enterramientos en las iglesias y dentro del perímetro urbano. Su cometido contra los enterramientos facilitó la construcción, el 2 de febrero de 1806, del primer cementerio de La Habana, conocido como Cementerio de Espada. Después de toda su campaña se dedicó, durante más de tres décadas, a la vacunación antivariólica.
Por sus acciones de prevención de enfermedades y de promoción de la salud se considera el primer higienista cubano y el iniciador del movimiento científico en Cuba.5
Falleció víctima de cáncer, a las 2.30 de la madrugada del 30 de marzo de 1849, en su domicilio de la calle Obispo No. 16 en La Habana Vieja. En el acto de darle sepultura el doctor Nicolás José Gutiérrez, legítimo heredero de su pensamiento filosófico, dijo que "entre los hijos de este suelo que han servido con gloria a las ciencias, ilustrado al país y honrado a la humanidad el Dr. Tomás Romay es, sin disputa, uno de los más beneméritos"; por su parte el doctor Manuel Costales afirmó que Romay "era capaz de renunciar a todo antes de empeñar la dignidad científica"; el doctor Ramón Zambrana destacó que "Romay fue grande porque su inteligencia, su saber y su corazón se emplearon siempre en el bien de sus semejantes y en el engrandecimiento y la gloria de su patria" y el doctor Vicente A. de Castro, quien lo consideró el Hipócrates habanero, le reconoció en su última morada: "ni desoíste al necesitado, ni adulaste al poderoso".
Al momento de su deceso Romay ostentaba entre sus muchos títulos y distinciones con los de Miembro Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid, Médico de la Real Cámara, Catedrático de Clínica de la Real Universidad, Presidente e Individuo de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País, Miembro de la Comisión de Vacuna de París y de las Sociedades Médicas de Burdeos y Nueva Orleans y Caballero Comendador de Isabel la Católica.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Le Riverend J. La época de Tomás Romay. En: Ensayos científicos escritos en homenaje a Tomás Romay. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba, Museo Histórico de las Ciencias Médicas "Dr. Carlos J. Finlay"; 1964. p. 55-62.

2. Rodríguez Expósito C. Bicentenario de Tomás Romay. Cuad Hist Salud Pub. 1964;(26):7-32.

3. Gickhorn R, Schadewaldt H. Sobre la introducción de la vacuna antivariolosa en América. En: Ensayos científicos escritos en homenaje a Tomás Romay. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba, Museo Histórico de las Ciencias Médicas "Dr. Carlos J. Finlay"; 1964. p. 393-413.

4. López Sánchez J. Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba, Museo Histórico de las Ciencias Médicas " Dr. Carlos J. Finlay"; 1964.

5. López Sánchez J. Iniciador del movimiento científico. En: Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. La Habana: Academia de Ciencias de Cuba, Museo Histórico de las Ciencias Médicas " Dr. Carlos J. Finlay"; 1964. p. 53-137.

 

Recibido: 25-3-14
Aprobado: 25-3-14

 

 

Rokselys Vigo Rodríguez. Universidad de Ciencias Médicas "Dr. Serafín Ruiz de Zárate Ruiz" de Villa Clara. Carretera Acueducto y Circunvalación Km 2½. Santa Clara, Villa Clara, Cuba. Código Postal: 50200 Teléfonos: (53)(42)271480

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